Evangelizar a los misioneros/as y sanar a los quebrantados (2023)

Por Bude VanDyke 

Mi convicción fundamental es que la economía de Dios funciona en ambos sentidos. Eso significa que si hago algo por alguien y no estoy dispuesto a recibir su ofrenda, esa acción no está centrada en Dios; es otra cosa, algo que no es sano. Por esa razón, me cuesta aceptar la noción de «misión» hacia los pueblos indígenas. Suena como si la gente de la cultura dominante fuera la única que tiene cosas de valor. Y eso no es cierto. 

Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la creación en la que todos vivimos y de la cual todos dependemos. La civilización occidental llegó a la Isla de la Tortuga (América del Norte) con la idea de que la tierra y la naturaleza debían ser explotadas sin consecuencias. Antes de la llegada de los europeos, los ríos, arroyos y lagos fluían con agua potable. Como resultado de la «civilización» europea, muchas de nuestras aguas están tan contaminadas que ya no son aptas para beber. La Tierra fue habitable durante miles de años bajo el cuidado de los pueblos indígenas. En una fracción de ese tiempo, la Tierra se ha vuelto inhabitable en muchos lugares debido a la explotación de los recursos naturales y de las personas. 

Quizás ahora debamos despertar y reconocer el regalo que representa la cosmovisión indígena, y tratar de comprender su papel en la sanación de nuestro mundo. Parece que las cosas han cambiado. La cultura dominante vio la necesidad de evangelizar a los pueblos indígenas. Ahora, los pueblos indígenas necesitan evangelizar a la cultura dominante para preservar el mundo para las generaciones futuras. Las personas que ven a los árboles, las rocas, los animales, los peces, las aves y el agua como sus parientes pueden enseñarle a la cultura centrada en Occidente lo que esta parece no tener la capacidad de descubrir por sí misma. 

Esto puede suceder de maneras concretas, y aquí hay un ejemplo: la Iglesia del Buen Pastor en Decatur, Alabama, quería organizar un huerto, pero deseaba hacerlo con mayor intención y respeto por las costumbres indígenas. En primer lugar, reconocieron la necesidad de preservar las semillas nativas de maíz, calabaza y frijol, que constituían la base de la dieta del pueblo cherokee y que fueron llevadas a Oklahoma por el Sendero de las Lágrimas. En segundo lugar, demostraron un método (las Tres Hermanas) para sembrar estos cultivos de manera que se complementaran entre sí y eliminaran la necesidad de fertilizantes e insecticidas. (La escorrentía de fertilizantes proveniente de los métodos agrícolas de la cultura dominante es un factor importante que contribuye a la contaminación del agua.) 

A continuación, promovieron el retorno a la pequeña huerta familiar, que no requiere una gran extensión de tierra y que además ayuda a los niños a comprender el papel de la tierra, el agua y el aire en la producción de alimentos. Por último, era importante agradecer al pueblo cherokee, que fue un buen guardián de la tierra antes de que la civilización occidental los expulsara. 

Este jardín hizo más que cultivar frutas y verduras. Se convirtió en una forma de brindar sanación y de reparar las injusticias y los agravios históricos. 

El proyecto comenzó como el Jardín del Patrimonio Cherokee, pero hemos cambiado el nombre a Jardín de Sanación Cherokee. “Patrimonio” sonaba a museo; la sanación es una acción. Esperamos contribuir a sanar una historia triste y sanarnos a nosotros mismos a medida que tomamos mayor conciencia de la carga que nuestras huellas imponen sobre la Tierra. Esperamos sanar nuestras actitudes hacia las personas a quienes hemos considerado «paganas» y «atrasadas», aprendiendo de ellas mejores formas de alimentarnos y de convivir con nuestro entorno. 

Este proyecto no habría sido posible sin el valioso trabajo y el aliento de la Ofrenda Unida de Acción de Gracias (United Thank Offering, UTO). Nuestra subvención de UTO nos está ayudando a dar inicio a lo que esperamos sea un ministerio continuo en favor de nuestro medio ambiente, de las personas que solían llamar a esta tierra su hogar y de nuestros vecinos que vendrán a visitarnos, a aprender y a actuar.

El Rvdo. Bude VanDyke vive en Sewanee, Tennessee, y es rector de la Iglesia del Buen Pastor en Decatur, Alabama. Es descendiente de los cherokees de Chickamauga; su nombre cherokee es Tsoi Nunyah Agomatiha (Tres Piedras que Ven).