Por Aisha Heurtas

A lo largo de mi trayectoria cristiana, en ocasiones me he sentido decepcionada con la iglesia. Veo injusticias en el mundo: violencia sin sentido, racismo, discriminación de género, intolerancia, pobreza, hambre y más. Sería fácil perdernos en las formas en que nosotros, la iglesia y su gente, hemos sido cómplices. Es cierto que hemos contribuido al robo de tierras, al genocidio y a la esclavitud. Hemos dependido en exceso de los combustibles fósiles, hemos usado plástico en exceso y hemos malgastado uno de nuestros recursos más preciados: el agua. Pero, si nos quedamos atrapados en nuestros errores, podríamos quedarnos paralizados y no hacer nada. Eso es algo que no podemos permitirnos. Nosotros, seguidores de Jesús, somos personas de perdón, redención y esperanza.
Es esa fe en la esperanza y la redención, y mi deseo de seguir el ejemplo de Jesús, lo que me llevó a un viaje a Egipto como parte de la delegación del Obispo/a Presidente a la 27.ª Conferencia de las Partes de la Organización de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 27). Esta cumbre anual es un encuentro global en el que representantes gubernamentales y organizaciones observadoras, como la Iglesia Episcopal, se reúnen para debatir sobre temas climáticos.
El cambio climático y la justicia climática son temas muy personales para mí. He visto cómo el cambio climático ha afectado a personas que amo y respeto de maneras injustas y devastadoras. Si sigues el debate sobre el clima, sabes que quienes más se ven afectados por el cambio climático son precisamente quienes menos responsabilidad tienen por él: las personas de color, las mujeres, los niños y las personas de bajos ingresos. Tengo la profunda convicción de que quienes siguen al Creador deben ser guardianes de la Tierra y de sus pueblos. En mi camino, eso significa que, sin lugar a dudas, debemos estar presentes en todos los lugares donde se toman decisiones para abogar por políticas que desmantelen los sistemas injustos y para elevar y amplificar las voces de los más afectados.
La Conferencia de las Partes (COP) 27 fue un evento emocionante e inspirador, no solo por la presencia de muchos líderes influyentes y reconocidos, sino también por la gente común con la que me encontré. Escuchar sus historias sobre por qué vinieron a la COP 27, su pasión y su profundo compromiso con el cambio me dio valor para continuar este camino, un camino que espero compartir con los episcopales de todo el mundo. Hay mucho trabajo por hacer; y aunque la Iglesia está presente, es grande, amplia y está compuesta por innumerables personas. Por eso, si bien los esfuerzos que hemos realizado hasta ahora son valientes, debemos hacer más. Todos debemos reflexionar devotamente sobre nuestro papel como hijos del Creador para proteger a la Tierra y a todos sus seres vivos de la injusticia.
Una de las preguntas que respondí con mucha frecuencia durante la COP 27 fue una curiosa: «¿Por qué está aquí la Iglesia Episcopal?». Una respuesta un tanto simple sería: «¿Por qué no?», pero la verdadera respuesta es que, según las Escrituras y nuestras promesas solemnes de bautismo, corregir las injusticias es a lo que hemos sido llamados. Todos debemos ser fieles a ese compromiso y encontrar nuestras propias formas de honrarlo.
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Aisha Huertas es la directora de iniciativas de diversidad y justicia del Climate Reality Project. Originaria de Puerto Rico, Aisha siente una gran pasión por la justicia climática y medioambiental.





