Aniversario
del terremoto de Haití, 12 de enero de 2013
, Catedral de la Santísima Trinidad, Puerto Príncipe
Hemos escuchado las palabras del Apocalipsis: «Vi la ciudad santa, ataviada como una novia… y oí una voz que decía: “La morada de Dios con los hombres. Él morará con ellos, enjugará toda lágrima, acabará con la muerte, con el duelo, con el llanto y con el dolor».
El lamento continúa aquí: ¿dónde está esa ciudad? ¿Encontrarán alguna vez Puerto Príncipe y las demás zonas devastadas de Haití ese tipo de paz y gracia? Tres años después del terremoto, la nación sigue esperando y anhelando. Cientos de miles de personas siguen viviendo en tiendas de campaña; la violencia y los secuestros parecen aumentar en lugar de disminuir; la corrupción continúa y, por eso, los donantes se niegan a cumplir sus promesas.
Sin embargo, y sin embargo… la gente de este país sigue reuniéndose, como lo hacemos hoy, para tener esperanza, orar y recordar la promesa. El buen Dios está aquí en las tiendas de campaña —las tiendas de campaña de carne y hueso, así como las de lona y las de plástico—. Las manos fieles de Dios (en carne humana) secarán las lágrimas, un niño a la vez. A los enfermos se les atiende, y a los muertos se les entierra y se les llora, uno por uno. Se recuerda la promesa y esta se está cumpliendo.
El buen pastor trabaja, cuidando y reuniendo al rebaño. Si observas con atención, podrás ver la labor del pastor. No es la acción de una sola figura humana, sino el acto de todo el cuerpo divino, la labor de quienes entregan su vida por sus ovejas. Muchas personas comparten esta labor, pues una sola persona no puede hacerlo todo, y algunas han dedicado, literalmente y hasta el final, lo que les queda de vida para que otros puedan vivir.
Estos actos de los pastores dan vida a los demás de muchas maneras, como al marcar a la oveja con la señal de la cruz en el bautismo y al alentar a los nuevos miembros del rebaño a cuidar de los demás. Los buenos pastores ayudan a encontrar alimento para las ovejas y liberan a los débiles del miedo a la noche y a la soledad. Los buenos pastores reúnen a las niñas en grupos y les entregan silbatos para su seguridad. Los pastores encuentran refugios para las multitudes, construyen escuelas para enseñar a los niños, y los buenos pastores ayudan al rebaño a descubrir o recordar la alegría. ¡Cuando las ovejas cantan y bailan, puedes ver la ciudad santa emergiendo de los cielos!
El Buen Pastor tiene la intención de reunir a todo el rebaño, incluso a aquellos que no pertenecen a este redil. El pastor sigue invitando y reuniendo a todas estas ovejas tan diversas como un río, que se ensancha a medida que fluye hacia esa ciudad santa.
Esta ciudad de nuestros sueños —y el sueño de Dios— desea la presencia de todas las ovejas, y de las cabras, y de los prisioneros, y de los cojos y de los que están de luto, de la gente triste y alegre y de los malvados, quienes todos serán sanados al entrar en la ciudad santa.
Tuvimos un anticipo de esta ciudad celestial —en el establo donde nació Jesús—. Ese lugar para los animales era sin duda oscuro, sucio y maloliente. Dios se hizo carne en un lugar un poco como una de esas tiendas que permanecieron tanto tiempo en el Campo de Marte. Los tres Reyes Magos llevaron sus ofrendas a un lugar así, porque veían la promesa y compartían el sueño. Jesús está aquí entre nosotros, viviendo con las personas que sufren el lodo y el hambre. Jesús comparte la vida y la muerte con nosotros, y también la sed y el cólera. Jesús está aquí en carne y hueso, como la esperanza entre nosotros. El buen pastor vive entre el rebaño y comparte con ellos sus fuentes de agua y sus pastos.
Si queremos encontrar esa ciudad santa, Jesús ya nos ha mostrado dónde buscar. Vayan a ser pastores y guíen a los demás hacia esa ciudad sanada. Vivan entre las ovejas y descubran al Buen Pastor que ya está presente y trabajando —y la ciudad que comienza a emerger de las nubes de polvo y suciedad. Dios está con nosotros, Dios está aquí, Dios siempre estará ahí. La única pregunta es si estamos listos para mirar y descubrir la presencia de Dios, y si estamos listos para convertirnos en pastores de nuestras ovejas compatriotas. Canten, hagan música, enseñen a los niños y a los jóvenes, sanen a los enfermos, construyan la nueva ciudad. Sean buenos pastores.
La Iglesia Episcopal: www.episcopalchurch.org
Diócesis de Haití: http://www.egliseepiscopaledhaiti.org/
Facebook: www.facebook.com/episcopalian
Twitter: www.twitter.com/iamepiscopalian
En la web:
El Obispo/a Presidente en el aniversario del terremoto de Haití: «Dios está con nosotros, Dios está aquí, Dios siempre estará aquí»
https://staging.episcopalchurch.org/notice/presiding-bishop-haiti-earthquake-anniversary-%E2%80%9Cgod-us-god-here-god-will-always-be-here%E2%80%9D





