La construcción de la «comunidad amada» incluye honrar a las mujeres de nuestra iglesia (2024)

Por Miguel Bustos

Imagen de 24127718, de Pixabay.

Al reflexionar sobre el Mes de la Historia de la Mujer, es fundamental reconocer y honrar el papel indispensable de las mujeres en la iglesia y su contribución perdurable a la construcción de la «comunidad amada» —una visión de la sociedad basada en la justicia, la paz y el amor, tal como la defendieron figuras como el Rvdo. Martin Luther King Jr. Esta reflexión no solo celebra las contribuciones de las mujeres, sino que también busca destacar su presencia e influencia históricas en la iglesia primitiva, subrayando el papel fundamental que han desempeñado desde los inicios del cristianismo.

Desde el principio, las mujeres han sido fundamentales en la tradición cristiana. El Nuevo Testamento documenta varios casos en los que las mujeres fueron parte integral del ministerio de Jesús. María Magdalena, a menudo reconocida como la «apóstol de los apóstoles», fue la primera en presenciar y proclamar la resurrección de Jesús. Otras figuras destacadas incluyen a Lidia de Tiatira, una exitosa mujer de negocios que se convirtió en la primera europea en abrazar el cristianismo y que acogió a la iglesia en su hogar; y a Febe, diácona de la iglesia de Cencrea, a quien Pablo elogia en su carta a los Romanos por su apoyo y liderazgo dentro de la comunidad cristiana primitiva.

Estos ejemplos resaltan la participación activa y el liderazgo de las mujeres en la iglesia primitiva, desafiando los estereotipos tradicionales y contemporáneos sobre los roles de las mujeres. Ellas fueron benefactoras, líderes, profetas y maestras, encarnando la esencia de la comunidad amada a través de su fe inquebrantable, su hospitalidad y su servicio. Sus contribuciones no fueron secundarias, sino fundamentales para el crecimiento y la subsistencia de la comunidad cristiana primitiva, mostrando un modelo de inclusión y apoyo mutuo.

En la actualidad, el legado de estas primeras mujeres cristianas inspira los esfuerzos continuos por hacer realidad la «comunidad amada» dentro de la iglesia. Sus historias nos recuerdan que las mujeres siempre han sido, y siguen siendo, fundamentales para construir comunidades de fe, defender la justicia social y fomentar entornos de aceptación y amor. Reconocer y celebrar los roles de las mujeres en la iglesia no se trata solo de rectificar omisiones históricas; se trata de reconocer las cualidades esenciales que aportan a la misión de la Iglesia: empatía, resiliencia y un compromiso profundamente arraigado con la comunidad y la justicia.

Al reflexionar sobre el Mes de la Historia de la Mujer, comprometámonos a reconocer y dar a conocer las voces y contribuciones de las mujeres en nuestras comunidades eclesiásticas, entre ellas la Rvda. Florence Li Tim Oi, las «11 de Philadelphia», la Rvda. Jacqueline Means, la Rvda. Pauli Murray, el obispo/a Barbara C. Harris y la exobispa presidente Katharine Jefferts Schori. Al hacerlo, honramos su legado e impulsamos a la iglesia hacia una encarnación más inclusiva, equitativa y compasiva de la «comunidad amada». El camino hacia esta visión es continuo, y la participación activa y el liderazgo de las mujeres son indispensables para su realización. Sus contribuciones históricas y contemporáneas son un testimonio de la fortaleza, la diversidad y la vitalidad de la iglesia, lo que nos impulsa a avanzar en amor y solidaridad.

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El Rvdo. Miguel Bustos es el responsable de reconciliación racial y justicia.