Mensaje del Consejo Ejecutivo a la Iglesia Episcopal

Mensaje del Consejo Ejecutivo a la Iglesia Episcopal

El Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal se reunió del 7 al 9 de noviembre en New Brunswick, Nueva Jersey.

Este es un mensaje a la Iglesia de parte de los miembros del Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal. No es un reportaje periodístico. No es un acta de la reunión. Es nuestro intento de que nos acompañen mientras realizamos nuestra labor, porque la hacemos en nombre de ustedes.

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Los miembros del Consejo Ejecutivo celebramos nuestra primera reunión de este trienio cuando todavía estábamos reaccionando a la noticia de las elecciones en Estados Unidos. A medida que este grupo que incluye inmigrantes, LGBTQ+, personas de color, indígenas, blancos y gente de toda la Iglesia se organizaba para llevar a cabo nuestra tarea, las emociones abarcaban toda la gama. Algunos se mostraban silenciosamente complacidos. La mayoría transitaba entre la ira, la tristeza, el miedo y el asombro.

En sus palabras de apertura, la presidente de la Cámara de Diputados y vicepresidente del Consejo, Julia Ayala Harris, dijo: «Como mujer, como latina, como madre de una adolescente, como hija de un inmigrante indocumentado de México que ostenta un liderazgo en este momento, siento el peso de las luchas de nuestras comunidades. Nuestra promesa bautismal de “respetar la dignidad de cada ser humano” no es una declaración política, sino un llamado divino, un imperativo evangélico que trasciende las divisiones partidistas».

Las palabras de apertura del obispo primado Sean Rowe precedieron a las de Harris. Él afirmó: «Como escribí ayer a la Iglesia, independientemente de nuestras filiaciones políticas, debemos recordar que Dios ha llamado a la Iglesia Episcopal a buscar a Cristo en todas las personas y a servir a Cristo en todas las personas. No importa el partido que esté en el poder, somos una sola Iglesia y seguiremos cumpliendo nuestro Pacto Bautismal proclamando con la palabra y el ejemplo las Buenas Nuevas de Dios en Cristo, luchando por la justicia y la paz entre todas las gentes y respetando la dignidad de todo ser humano».

Rowe dijo que apoyar el trabajo del Ministerio Episcopal de Migración en el reasentamiento de refugiados es una «máxima prioridad», ya que esa agencia espera reducciones de fondos conforme a las políticas antiinmigrantes del gobierno de Trump.

Él hizo referencia a su petición el día en que fue elegido de que obispos y diputados piensen en el tiempo entre la elección y esta reunión como «una especie de jubileo relacional, un tiempo para dejar de lado el resentimiento, la ira y los rencores que con demasiada frecuencia han debilitado el liderazgo de nuestra Iglesia.

»Espero que la forma en que nos tratamos unos a otros aquí pueda ser un testimonio del poder de las Buenas Nuevas de Dios en Cristo y que podamos construir relaciones para liderar la Iglesia. Y espero que donde estamos divididos, podamos encontrar el valor para perdonarnos mutuamente y comenzar de nuevo, por el bien del Evangelio de Jesucristo».

No todos los miembros estaban dispuestos a escuchar una petición para renunciar a la ira. Otros sintieron que se necesitaba más tiempo para darle lugar a los sentimientos [que afloraban] en la sala y procesar los resultados de las elecciones. Para algunos miembros de color, se sentía como el viejo tópico familiar de los blancos diciéndoles a los marginados que se superaran, que sus sentimientos eran menos importantes que hacer el trabajo priorizado por los blancos.

En consecuencia, los ejercicios dirigidos por The Visions Group para probar normas para la reunión, que incluyeron una discusión sobre «intención versus impacto», fueron oportunos, ya que los miembros del Consejo acordaron que el impacto era más importante que la intención, y que la conciencia de esa realidad es esencial para poder escucharse y comprenderse verdaderamente unos a otros.

El obispo primado Rowe, en su alocución de apertura de la sesión de la tarde, reconoció que la ira puede ser un arma y nos instó a apuntar esa ira contra la injusticia.

Nos recordó que lo que hacemos es al servicio de aquellos que sufren fuera de nuestras puertas y sugirió que mientras trabajamos en la reestructuración del trabajo en el Centro [denominacional] de la Iglesia, podemos construir un vehículo para llevar esa labor al mundo. Las estructuras institucionales sólidas pueden ser contenedores de la transformación.

En el debate, los miembros de color señalaron que diferentes culturas expresan la ira de manera diferente, a veces de maneras que pueden incomodar a algunas personas, y que debemos trabajar para ser más fluidos culturalmente unos con otros. Ningún espacio es seguro para todos. Cuando los blancos intentan crear ese espacio, a menudo lo hacen a expensas de los más marginados de la sala, quienes son presionados a guardar silencio o simplemente se resignan a ser silenciados.

Los ponentes reconocieron que el país anhela unidad, y la unidad a costa de ser cómplice de las fuerzas de la opresión es una unidad falsa. 

Para comenzar a edificar una comunidad, nos invitaron a presentarnos y a expresar un deseo para la Iglesia mediante una sola palabra. Entre estas se contaron: coraje (3), unidad (2), recordar (2), amor (2), flexibilidad (2), dignidad, testimonio, gozo, equidad, acción, inclusión, profundidad, resiliencia, valentía, imaginación, reconocimiento [de errores pasados], fortaleza, asociación y elasticidad.

La capellán Nancy Frausto dijo en su homilía en el culto de apertura esa tarde:

Nuestra Iglesia es una mezcla de idiomas, culturas[*], expresiones, risas y lágrimas…nuestra Iglesia es mestiza…el cuerpo de Cristo que comenzó como un grupo de creyentes que vivieron fielmente las palabras y enseñanzas de su compañero Jesús.

Creyentes que estoy seguro no estuvieron de acuerdo, porque, ¡así es la humanidad! No debemos estar de acuerdo en todo, pero como Iglesia estamos llamados a amar. El amor es mucho más que una palabra de cuatro letras secuestrada por Hallmark y las telenovelas. El amor es una acción. El amor se mueve. El amor transforma.

El amor exige que prestemos atención a aquellos cuya voz no está presente. El amor requiere que usemos nuestras voces. El amor es claro en que mantengamos controlados nuestros privilegios y nuestras desconfianzas. El amor anhela que estemos presentes, que tengamos paciencia y que compartamos la gracia unos a otros.

El segundo día de la reunión comenzó con la Oración Matutina y una homilía en la que el Rdo. Cameron Partridge dijo:

Mientras los escucho y hablo con ustedes, me sorprende que estén equipándose juntos para que este proceso de unión sea sobre la labor que Dios nos llama a realizar […] Este proceso de equipamiento es profundo e imbuido de humildad, lleno de giros y vueltas, aprendiendo y escuchando, reaprendiendo, escuchando más profundamente, volviendo atrás y caminando hacia adelante juntos.

…todos nosotros, laicos y ordenados, estamos llamados a laborar juntos en esta tarea. Todos nuestros dones, todas nuestras singulares diferencias, entretejidas en este proceso de equipamiento compartido, son esenciales para lo que Dios quiere que hagamos en este momento y en los días venideros.

A medida que avanzaba la labor del Consejo durante el día, ese tejido de dones y diferencias también prosiguió. Comenzamos a conocernos unos a otros, ya que algunos aprendieron a guardar silencio y a escuchar, y otros se llenaron de valor para hablar. Mejoramos un poco al hablar lentamente para los intérpretes. Todos luchamos juntos para descubrir la tecnología, que era genial, hasta que dejó de serlo.

Esta jornada fue un poco más relajada que la anterior, tal vez porque la gente superó el impacto inicial de las elecciones o descubrió mecanismos de adaptación que nos permitieron concentrarnos en las tareas que teníamos entre manos. También ayudó que la tarea que teníamos entre manos fuera apasionante, ya que Compass, una firma consultora con experiencia en desarrollo organizacional, nos orientó a través de un ejercicio sobre nuestro futuro.

El obispo primado Rowe dijo: «Queremos concebir nuestra visión para el futuro de la Iglesia Episcopal valiéndonos de cuatro cuadrantes: hacia dónde vamos, por qué es importante, dónde estamos ahora y cómo llegaremos allí».

[La respuesta] hacia dónde vamos es a «una iglesia fuerte y adaptable que comunique y encarne la profundidad de la espiritualidad cristiana y labore en pro de la visión del reino de Dios de la Iglesia Episcopal apoyando el ministerio sobre el terreno en las diócesis».

La razón por la que es importante es «garantizar que la Iglesia Episcopal pueda dar un testimonio firme y eficaz del Evangelio de Jesucristo».

Dónde estamos ahora:

  • Profunda espiritualidad encarnacional y teología inclusiva centrada en nuestra relación con Dios en Cristo y con la humanidad.
  • Líderes comprometidos y deseosos de participar más eficazmente en la misión de Dios.
  • Una falta significativa de capacidad en casi todos los niveles.
  • Una estructura corporativa que mira hacia adentro y en gran medida no rinde cuentas.
  • Estructuras de gobierno creadas para una época pasada.
  • Atrofia institucional y falta de capacidad para pensar institucionalmente.

¿Cómo llegaremos allí?:

  • Reorientando la estructura de toda la Iglesia para apoyar a las diócesis.
  • Reformando la estructura y el gobierno y preservando al mismo tiempo la política.
  • apoyando la labor innovadora para crear capacidad para la misión.
  • Convirtiéndose en un pueblo que encarna y comunica efectivamente la profundidad de la espiritualidad cristiana.
  • Midiendo el impacto y adaptándose en consecuencia.

A medida que cada mesa trabajaba para ponerse de acuerdo sobre la parte de cada sección que más le atraía y sobre la mejor manera de lograr esos objetivos, surgieron animadas conversaciones que ayudaron a crear entendimiento mutuo y respeto entre las diversas personas de cada grupo.

Este compromiso continuó a través de un debate sobre el presupuesto y las asignaciones de comités, durante el cual los miembros se ayudaron unos a otros a desentrañar los misterios de dónde residían exactamente varios informes en Microsoft Teams (la aplicación de colaboración en equipo de Microsoft) o en otras aplicaciones basadas en la web. Resulta que existe la posibilidad de crear vínculos mediante la superación de la confusión mutua generada por la tecnología.

Mientras nos congregábamos para nuestro último día de reunión en nuestras nuevas asignaciones de comités y votábamos la última lista de resoluciones, la forma de este Consejo Ejecutivo en particular saltaba a la vista. No «se parece a la Iglesia», porque la Iglesia Episcopal es muy blanca, y este Consejo está compuesto prácticamente por mitad de blancos y mitad de personas de la mayoría global. Y estamos encontrando algunas áreas de terreno común en las que permanecer unidos. No es que estemos haciendo eso solos.

Como dijo la miembro Grecia Christian Reynoso, de la República Dominicana, «Somos una Iglesia movida por el Espíritu Santo».


[*] Las palabras o frases que aparecen en cursiva en el texto fueron dichas originalmente en español (N. del T.).