Este testimonio narra el viaje de un joven desde una vida cómoda y educada en Afganistán hasta convertirse en refugiado tras sobrevivir a una violencia extrema. Rakin describe cómo fue secuestrado y retenido durante varios meses por un grupo criminal que buscaba un rescate de su familia, y cómo logró escapar por una pequeña ventana en un momento en que sus captores no lograron inmovilizarlo adecuadamente. Después de que su fuga llevara a la policía hasta el escondite de los secuestradores, el grupo buscó venganza y, finalmente, mató a sus dos hermanas y a sus dos hermanos en un ataque contra la casa de su familia. Tras esta devastadora pérdida, se escondió durante meses antes de que su madre lo instara a salir de Afganistán para labrarse un futuro en otro lugar, aunque él no quería separarse de ella. Finalmente, solicitó asilo en Noruega y luego en Italia, donde su madre falleció seis meses después de su llegada.
En Italia, tras finalizar la ayuda temporal para vivienda, pasó varios meses sin hogar, y describe este período como uno de profundo aislamiento y desesperación. Finalmente encontró apoyo en el Centro de Refugiados Joel Nafuma, donde los psicólogos y el personal le brindaron aliento constante y un camino hacia la estabilidad. A través del grupo de artesanos del centro, encontró una comunidad; describe las relaciones que forjó allí como una «buena familia» que lo ayudó a dejar de sentirse solo. Reflexiona que, si bien alguna vez soñó con convertirse en psicólogo o escritor, su esperanza ahora es simplemente dejar de vivir como refugiado.





