La situación en Del Río, en la frontera entre Estados Unidos y México, con unos 14 000 migrantes, en su mayoría de Haití, es una manifestación impactante de las crisis económicas, de derechos humanos, medioambientales y migratorias. La respuesta de Estados Unidos es profundamente problemática: el uso de medidas de control crueles e inhumanas por parte de los agentes de la Patrulla Fronteriza a caballo revela dinámicas racistas inexcusables. La Iglesia Episcopal condena el trato que reciben estos migrantes en Del Río y denuncia el racismo, tanto explícito como sistémico, al tiempo que instamos a que se realicen cambios más amplios en la asistencia internacional y las políticas migratorias.
Haití se encuentra en medio de crisis de seguridad, estructura de gobierno y economía, y, como resultado, el gobierno no está preparado para recibir a un gran número de haitianos. Esto justifica, sin duda, que la administración de Biden haya restablecido, con razón, el Estatus de Protección Temporal para los haitianos en EE. UU., y es una razón por la que los haitianos no deberían ser enviados a un entorno inestable e inseguro en este momento. De hecho, muchos de los haitianos que cruzaron recientemente la frontera salieron de Haití hace más de una década, tras el terremoto de 2010, y por lo tanto no están bien preparados para regresar. Los migrantes con solicitudes de asilo válidas deberían tener la posibilidad de acceder a protección en la frontera, y las expulsiones rápidas de haitianos a Haití bajo el Título 42 son inaceptables.
Nuestro sistema de asilo no está diseñado para otorgar estatus a quienes huyen de dificultades económicas y, de hecho, los migrantes económicos de todo el mundo a menudo luchan por encontrar oportunidades para ganarse la vida y mantener a sus familias. Por esta razón, y debido a otras deficiencias de nuestro obsoleto sistema migratorio, seguimos exigiendo una reforma migratoria integral que replantee la migración con compasión y desde una perspectiva humanitaria, sin dejar de reconocer la necesidad de fronteras seguras. Esto incluiría respetar el derecho al asilo tal como lo exigen las leyes nacionales e internacionales.
Por último, al analizar las causas fundamentales de la migración y el papel que desempeña Estados Unidos en ellas, pedimos una renovación de las políticas exteriores estadounidenses, incluyendo cambios específicos en la relación del país con Haití. Con este fin, nos sumamos a esta Declaración Conjunta sobre Haití que hace hincapié en la necesidad de soluciones lideradas por los haitianos en materia de estructura de gobierno, seguridad y respuesta ante desastres, y estamos participando en reuniones periódicas con funcionarios del gobierno de EE. UU. sobre la situación en el terreno en Haití. En particular, instamos a que se preste atención y se brinde apoyo al trabajo de la Comisión para una Solución Haitiana a la Crisis, que lleva meses trabajando para trazar un camino hacia adelante en materia de estructura de gobierno y forjar un consenso dentro de Haití.
Actúa
- Comparte esta declaración conjunta con tus representantes en el Congreso.
- Si su iglesia participa en un ministerio directo en Haití, considere firmar este compromiso para establecer nuevas normas mínimas de participación.
- Escriba a sus representantes en el Congreso sobre una reforma migratoria integral.





