La justicia climática es justicia económica: El llamado del Evangelio a amar a nuestro prójimo en medio del colapso climático

Por el Rvdo. Lauren Grubaugh Thomas.
Este ensayo se basa en un breve video que compartí recientemente en mi página de Instagram.

Unas dos noches a la semana, trabajo como capellán/ana de guardia en un hospital de Denver, Colorado. Hace poco respondí a una llamada de emergencia por un accidente automovilístico. La paciente era una mujer joven que tuvo la suerte de salir de su auto destrozado sin lesiones que pusieran en peligro su vida. Se había quedado dormida al volante, explicó, y agregó que la noche anterior había hecho un calor terrible; había dado vueltas en la cama toda la noche, sin poder dormir bien. 

Expresó en voz alta su preocupación por faltar a su trabajo, en el que gana el salario mínimo. Mientras tanto, su papá se mostraba arrepentido: «¡Deberías habérmelo dicho! ¡Habría subido el aire acondicionado!»

Desde entonces, he estado reflexionando sobre este encuentro en relación con la crisis climática y la necesidad de justicia económica.

Colorado está viviendo uno de los veranos más calurosos de que se tiene registro, con varios días en los que se superan los 100°F. Esto ocurre en el contexto global de 13 meses consecutivos de temperaturas récord. Sin un cambio político serio y la transformación estructural que lo acompañe, vamos en rumbo de colisión hacia un punto de inflexión crítico de 2 °C de calentamiento en los próximos 10 a 20 años, lo que desencadenará un efecto dominó de desastres relacionados con el clima.

Este calentamiento conlleva un mayor riesgo de daños directos. El golpe de calor es un ejemplo evidente: los datos ya muestran que las muertes relacionadas con el calor están aumentando. Pero es de vital importancia tener también en cuenta los daños indirectos que se producen como resultado de la crisis climática, la cual está teniendo un impacto desproporcionado en los pobres y la clase trabajadora. El creciente número de conductores agotados que se salen de la carretera será solo uno de los efectos de que cada vez más personas no puedan permitirse un aire acondicionado. 

Mientras tanto, los miembros de la clase media —a la que pertenezco— pueden creerse a salvo, pensando que pueden comprar una salida al calor. Pero preservamos nuestra comodidad individual en nuestro propio perjuicio —así como en el de los vecinos a quienes estamos llamados a amar—.

Mientras escribo esto, puedo ver columnas de humo sobre las estribaciones, a varias millas de mi casa. La temporada de incendios forestales en Colorado se ha vuelto cada vez más severa. Desde que un devastador incendio en diciembre de 2021 destruyó vecindarios suburbanos en el acaudalado condado de Boulder —lo que dio lugar a demandas judiciales—, nuestra empresa de servicios públicos ha optado por cortar el suministro eléctrico de manera proactiva durante eventos climáticos de alto riesgo, con la esperanza de evitar futuros litigios. 

La última vez que se llevó a cabo un corte de luz programado, algunos de mis vecinos alquilaron habitaciones de hotel con WiFi para mantenerse frescos y poder trabajar durante el corte de casi 48 horas. Pero muchos de nosotros —no solo los pobres— no podemos permitirnos alquilar una habitación de hotel, y mucho menos de manera habitual. El costo de reponer los alimentos echerrados en el refrigerador también es significativo. ¿Y qué pasará con los niños pequeños, las personas mayores, quienes padecen afecciones médicas que requieren dispositivos que funcionan con electricidad y otras personas vulnerables cuando los hoteles estén llenos?

Gastar dinero en el problema con la intención de salvarnos, mientras descuidamos la red de seguridad social, es una falsa solución a corto plazo. 

Esas son las malas noticias. 

Pero también hay buenas noticias, y son lo opuesto a la supervivencia individualista. Todos estamos, como enseñó el Rvdo. Dr. Martin Luther King Jr., «atrapados en una red ineludible de interdependencia». Al amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, hay mucho que podemos hacer como iglesia para anticiparnos y responder a las crecientes necesidades generadas por la crisis climática.

Poner en práctica una teología consciente del clima: el lenguaje explícito o implícito del juicio divino (como «acto de Dios» o «desastre natural») impone una sensación de impotencia al tiempo que desvía la responsabilidad. Enseñemos a los feligreses que el Dios que creó el mundo y lo declaró bueno sigue amando al mundo: ¡la encarnación es prueba del amor de Dios por la vida! Nuestro pacto bautismal nos llama a colaborar con Dios para ver a todas las personas como portadoras de su imagen, dignas de respeto. 

En medio del estrés que genera el cambio climático, debemos recordar que la responsabilidad cristiana de buscar y servir a Cristo en todas las personas permanece inalterable. En Cristo, nadie es prescindible. Algunos verán el daño como algo inevitable. Rechacemos la tentación del cinismo. Aquel que nos ha llamado nos acompaña a través de la tormenta mientras nos cuidamos unos a otros. 

Practiquen un ministerio de reducción de daños: Entiendan su obligación hacia los miembros pobres y vulnerables de su comunidad en general. Tengan en cuenta que, si bien las personas sin vivienda constituyen una comunidad particularmente vulnerable, muchas personas que cuentan con vivienda (a menudo precaria) no pueden costear los costos cada vez más altos de refrigerar sus hogares. Podrían considerar:

  1. Contribuir a los esfuerzos de ayuda mutua: Participa en iniciativas locales de reparto de alimentos, como huertas comunitarias y tiendas gratuitas. Planifica estratégicamente tu presupuesto para contar con fondos disponibles que cubran las elevadas facturas de servicios públicos durante los meses de verano. Compra generadores para las familias que tengan miembros vulnerables.
  2. Ofrecer su iglesia como un centro de refrigeración, como esta iglesia presbiteriana en Roanoke. (En relación con esto, considere instalar paneles solares y una batería para que su iglesia tenga electricidad sin necesidad de conectarse a la red eléctrica.)  
  3. Elaborar un plan para funcionar como refugio de emergencia en caso de incendio, como estas parroquias del norte de California

Abogar por políticas que garanticen una red de seguridad social para los más vulnerables: Hemos visto repetidamente cómo el racismo y la injusticia económica se entrelazan para poner en peligro a las comunidades pobres y BIPOC (negras, indígenas y de color) durante las catástrofes climáticas, siendo las secuelas del huracán Katrina uno de los ejemplos más apocalípticos del fracaso gubernamental. Por otro lado, las políticas climáticas y económicas que priorizan a los pobres benefician a todos. Sigue el ejemplo de las iglesias y organizaciones en las zonas de tu comunidad más afectadas por el cambio climático y más marginadas económicamente. Los líderes religiosos —clérigos y laicado— pueden insistir a nivel municipal, de condado, estatal y federal en políticas que tomen el amor al prójimo como su ética rectora. 

El Rvdo. Lauren Grubaugh Thomas nutre a revolucionarios con alma como escritora, capellán/ana y sembrador/a de iglesias en la Iglesia Episcopal de Colorado. Encuentra sus escritos y podcasts, que se sitúan en la intersección entre la transformación espiritual y el cambio social, en A Soulful Revolution y síguela en Instagram: @revlaurengthomas, @soulfulrevolutionaries, @holycompanion