Sacramentos

Nuestra tradición anglicana reconoce los sacramentos como “signos externos y visibles de una gracia interna y espiritual” (Libro de Oración Común, p. 748). El Sagrado Bautismo y la Eucaristía (o la Santa Comunión) son los dos grandes sacramentos que Jesucristo le otorgó a la iglesia.

En el caso del bautismo, el signo externo y visible es el agua, en la cual la persona se bautiza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La gracia interior y espiritual es la unión con Cristo en su muerte y resurrección, el nacimiento en la familia de Dios (la iglesia), el perdón de los pecados y la nueva vida en el Espíritu Santo. En el caso de la Eucaristía, el signo externo y visible es el pan y el vino, que se dan y se reciben según el mandato de Cristo. La gracia interior y espiritual es el cuerpo y la sangre de Cristo que se le otorgan a su pueblo para fortalecerlos y nutrirlos para la obra del discipulado, individualmente y como un cuerpo.

Además de estos dos, existen otros marcadores espirituales en nuestro camino de fe que pueden servir como un medio de gracia. Entre ellos se incluyen los siguientes:
– Confirmación: la reafirmación adulta de nuestros votos bautismales.
– Reconciliación de un penitente: confesión privada.
– Matrimonio: el matrimonio cristiano.
– Órdenes: ordenación al diaconado, al presbiterio o al episcopado.
– Unción: ungir a los enfermos o moribundos con aceite santo.

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