Serie sobre salud mundial: Paludismo (2020)

El paludismo es una de las enfermedades infecciosas más antiguas y letales del mundo en la actualidad. Si bien se ha erradicado en muchas partes del mundo, el paludismo sigue siendo endémico en zonas tropicales y subtropicales de bajos recursos, especialmente donde factores climáticos como la humedad, la temperatura y las precipitaciones facilitan la proliferación de los mosquitos Anopheles. Las personas que viven en la pobreza y otras poblaciones vulnerables corren el mayor riesgo de morir a causa del paludismo.

La Iglesia Episcopal ha participado en la labor de reducir la carga del paludismo de diversas maneras. Respondemos a nuestro llamado a cuidar a los más vulnerables del mundo —muchos de los cuales corren un alto riesgo de contraer paludismo, incluidos los niños y las mujeres embarazadas, quienes tienen mayor probabilidad de morir a causa de la enfermedad—. Nos asociamos con anglicanos de todo el mundo para erradicar esta enfermedad de las comunidades a las que afecta. En 2003 y 2018, la Convención General respaldó objetivos internacionales que incluyen la lucha contra el paludismo a nivel mundial y encargó a la Oficina de Relaciones Gubernamentales (OGR) que se asegurara de que el gobierno de EE. UU. cumpla con su compromiso. La Oficina de Relaciones Gubernamentales trabaja con socios ecuménicos, de salud global y de la Comunión anglicana para promover programas bilaterales y multilaterales sólidos y sostenibles contra el paludismo, lo que incluye garantizar que el Congreso asigne los fondos necesarios cada año.

En 2018, la Oficina de Relaciones Gubernamentales se asoció con Friends of the Global Fight y la Fundación J.C. Flowers para facilitar reuniones de cabildeo en las que obispos/as anglicanos/as de África se reunieron con miembros del Congreso y otros responsables políticos para analizar las formas en que las Iglesias Anglicanas están respondiendo sobre el terreno y para defender la necesidad de un apoyo continuo por parte del gobierno de EE. UU. A través de su programa NetsforLife®, la Agencia Episcopal de Beneficencia y Desarrollo trabaja con socios locales para promover el uso de mosquiteros para prevenir el paludismo. La Fundación J.C. Flowers sigue apoyando los esfuerzos para eliminar el paludismo a través de la Iniciativa Transfronteriza contra el paludismo Isdell:Flowers, que se asocia con comunidades religiosas, gobiernos y otras organizaciones para brindar servicios de educación, prevención y tratamiento contra el paludismo.

El aumento de los esfuerzos para prevenir, mitigar y erradicar el paludismo durante los últimos veinte años ha dado lugar a avances significativos. Las tasas mundiales de mortalidad por paludismo han disminuido en un 60 por ciento desde el año 2000. Como muestra el Informe Mundial sobre el Paludismo de 2019, entre 2010 y 2018, la tasa de incidencia del paludismo se redujo de 71 a 57 casos por cada 1000 habitantes. Sin embargo, aún quedan muchos desafíos por superar. El informe también muestra que el paludismo sigue matando a más de 400 000 personas al año, y que cientos de millones de personas se ven afectadas cada año. Otros desafíos incluyen la resistencia a los medicamentos y a los insecticidas, así como el estancamiento de los avances en algunos países afectados, lo que complica los esfuerzos para erradicar la enfermedad.

Considera estas estadísticas:

El gobierno de EE. UU. ha participado en la lucha mundial contra el paludismo desde la década de 1950 como parte de su labor de desarrollo y ayuda humanitaria, liderada por la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). En 2005, el presidente George W. Bush lanzó la Iniciativa Presidencial contra el Paludismo (PMI) para coordinar los esfuerzos bilaterales de Estados Unidos en la lucha contra el paludismo, con el objetivo de reducir a la mitad la tasa de mortalidad por esta enfermedad en los países más afectados. Estados Unidos también participa a través del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el paludismo, una organización público-privada que aporta el 65 por ciento de todo el financiamiento internacional destinado a programas de control e investigación del paludismo.

La comunidad internacional se ha fijado el objetivo de eliminar el paludismo para 2030 como parte de la agenda de Desarrollo Sostenible. Esto requerirá una mayor coordinación, voluntad política y compromiso financiero por parte de los gobiernos y los interesados no gubernamentales. Como principal donante financiero de los programas contra el paludismo y aportador de conocimientos técnicos, Estados Unidos tiene un papel fundamental que desempeñar para alcanzar este objetivo.

De cara al futuro, existe una creciente preocupación de que el gobierno de EE. UU. reduzca su apoyo a los programas contra el paludismo, en lugar de garantizar la sostenibilidad y ampliar los esfuerzos actuales. El brote de COVID-19 también podría afectar los programas contra el paludismo en el terreno y la disponibilidad de medicamentos esenciales. Como episcopales, debemos seguir alzando nuestra voz a través de la defensa de esta causa para garantizar la sostenibilidad de los programas globales contra el paludismo y cuidar del pueblo de Dios.

Recursos adicionales: