Serie sobre salud global: Salud maternoinfantil (2020)

Esta semana, nuestra serie sobre salud global se centra en la salud maternoinfantil. Años de investigación y experiencia han demostrado que las medidas preventivas, el diagnóstico temprano y las intervenciones de salud de bajo costo son fundamentales para cualquier afección de salud, incluida la atención médica materno-infantil. Desde 1990, las tasas de mortalidad infantil han disminuido en un 50 por ciento, y las muertes maternas han disminuido en casi un 45 por ciento. Estos avances se han logrado en gran medida mediante soluciones sencillas e intervenciones comprobadas y de bajo costo para abordar las principales causas de muerte, entre ellas la diarrea, la neumonía, la desnutrición y las complicaciones durante el embarazo y el parto. Por otro lado, más de 295,000 mujeres y 5 millones de niños mueren cada año por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. Los niños menores de 5 años son los más afectados, especialmente los recién nacidos, que mueren en proporciones significativas. Las tasas de mortalidad materna e infantil son particularmente altas en los países de ingresos bajos y medios-bajos. 

La Iglesia Episcopal cuenta con una larga trayectoria de apoyo a iniciativas destinadas a mejorar la calidad de vida de los más vulnerables, incluidas las mujeres embarazadas y en el posparto, así como sus hijos pequeños. Desde 2003, la Convención General ha respaldado los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y sus sucesores, las Metas de Desarrollo Sustentable (Metas de Desarrollo Sostenible), que son iniciativas multilaterales que incluyen compromisos para mejorar los resultados en materia de salud maternoinfantil. La Iglesia Episcopal se ha involucrado en este tema de diversas maneras: mediante la sensibilización y la movilización a la acción, la oración y la defensa de esta causa. La Agencia Episcopal de Beneficencia y Desarrollo y sus socios anglicanos también están trabajando para mejorar la salud maternoinfantil en los países de bajos ingresos.

Las investigaciones demuestran que los primeros 1.000 días de vida son fundamentales para el desarrollo de la capacidad del niño para aprender, crecer y prosperar en los años venideros. Asegurar que los niños reciban una nutrición adecuada, vacunas y otras intervenciones básicas de salud durante este período reduce significativamente su riesgo de mortalidad o el riesgo de desarrollar afecciones de salud graves más adelante en la vida. La nutrición deficiente en bebés y niños pequeños puede causar daño irreversible a su cerebro en desarrollo, y la desnutrición es responsable de casi la mitad de todas las muertes infantiles en todo el mundo. Dado que la salud de un bebé se ve directamente afectada por la salud de su madre durante el embarazo, y dado que las mujeres suelen seguir siendo las principales cuidadoras de los niños incluso después del nacimiento, una inversión eficaz en salud materna también tiene beneficios directos y positivos para la salud de los niños.

El gobierno de Estados Unidos ha liderado los esfuerzos globales para poner fin a las muertes maternas e infantiles prevenibles a través de alianzas bilaterales y multilaterales. Estos esfuerzos incluyen brindar asistencia financiera y técnica a países de bajos ingresos con altas tasas de mortalidad materna y de niños menores de cinco años. En 2014, el gobierno de Estados Unidos declaró como prioridad nacional poner fin a las muertes maternas e infantiles evitables en todo el mundo, un llamado a la acción muy bien recibido. La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) es la agencia gubernamental a la cabeza de esta labor. De cara al futuro, la Oficina de Relaciones Gubernamentales seguirá abogando por recursos de financiamiento y mejores políticas de salud maternoinfantil.  

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