La presidenta de la Cámara de Diputados, Julia Ayala Harris, pronunció el siguiente discurso el 22 de noviembre de 2023, durante la eucaristía de clausura del Sínodo General de la Iglesia de Suecia, celebrada en la catedral de Uppsala. Ayala Harris encabezó una delegación episcopal que ratificó un acuerdo de plena comunión entre ambas iglesias. Más información.
Caminando juntos hacia la justicia y la paz
Queridos amigos en Cristo:
Es un motivo de gran alegría estar aquí hoy con todos ustedes, al reunirnos para reafirmar esta alianza de plena comunión, oficializando así lo que ha sido una realidad durante siglos: que el testimonio colectivo de nuestras iglesias ante el mundo —el amor al forastero, el amor a la creación y el amor mutuo— puede ser transformador para las comunidades a las que servimos y para nuestras propias comunidades de fe.
Es verdaderamente un honor estar aquí con todos ustedes. Me emociona participar en esta ceremonia y celebrar con entusiasmo nuestra alianza, que surgió de nuestro llamado común a abordar algunos de los problemas más apremiantes que enfrenta la humanidad hoy en día, como el cambio climático, la migración global y la inmigración.
Es con gran alegría que nos reunimos hoy para celebrar este momento histórico de plena comunión entre la Iglesia Episcopal y la Iglesia de Suecia. Tras muchos años de diálogo, ministerio compartido y una amistad cada vez más sólida, ahora damos el siguiente paso en nuestra alianza.
Este acuerdo de plena comunión ha tardado más de una década en concretarse. Nuestras iglesias han caminado juntas en compañerismo desde 2007, forjando confianza y entendimiento. En 2015, fortalecimos nuestros lazos a través del acuerdo «llamado a una misión común». Y ahora, asumimos el compromiso solemne de reconocer plenamente los ministerios de cada una.
Como lo establece la resolución de nuestra Convención General de 2022, este acuerdo se basa en nuestra herencia común y nuestra pasión compartida por la justicia. La Iglesia de Suecia ha sido desde hace mucho tiempo una voz profética en defensa de los derechos humanos, desde abrir sus puertas a los refugiados hasta abogar por la acción climática. Compartimos un espíritu de acogida radical y la creencia en la dignidad de cada ser humano.
En este acuerdo, no nos convertimos en una sola iglesia. Seguimos siendo autónomos, al tiempo que nos unimos unos a otros. Esta alianza nos permite colaborar aún más profundamente en temas como la justicia económica, la migración y el cuidado de la creación de Dios. Juntos, podemos amplificar nuestro testimonio del amor de Dios.
Las llamas del Espíritu Santo se mueven entre nosotros de maneras renovadas, dando forma a lo que está por venir. Estamos llamados a ayudar a la iglesia a evolucionar y a tomar una nueva forma. Como declara el profeta Isaías, Dios está haciendo algo nuevo. Hoy celebramos el compromiso, la renovación y la esperanza. Hoy celebramos la encarnación del Espíritu Santo que habita en este espacio y en cada uno de nosotros. Hoy celebramos nuestra capacidad de reimaginar nuestras esperanzas y sueños en una sociedad moderna que intenta convertir esos sueños en pesadillas. Hoy celebramos cómo Dios convierte nuestra esperanza en acción.
En esta celebración, debemos fijar nuestra mirada en Jesucristo, la fuente de nuestra vida y renovación. Porque somos la sal de la tierra —cuando vivimos el amor radical encarnado por Jesucristo—. Somos la luz del mundo cuando caminamos por el sendero de la justicia, la misericordia y la humildad. La luz brilla en la noche profunda y nada puede apagarla. A pesar de la incertidumbre que nos rodea, estamos llamados a tener una esperanza valiente y una confianza radical en el sueño de Dios para la humanidad.
Por eso es tan importante la ceremonia que estamos aquí para celebrar hoy. Juntos, debemos realizar la urgente labor de abordar el cambio climático y la degradación medioambiental en esta frágil Tierra, nuestro hogar insular. Estamos llamados a trabajar juntos para ayudar a quienes huyen de sus países de origen en busca de seguridad y oportunidades para prosperar. Estamos llamados a una alianza ecuménica en nombre de la unidad y del Evangelio.
Amigos míos, nuestra esperanza se encuentra en la comunidad, en recorrer este camino juntos. Al mirar hacia el futuro, que tengamos la fe para soñar sueños audaces. Que nos involucremos con nuestras comunidades de nuevas maneras, tendiendo puentes más allá de las divisiones. Que confiemos radicalmente en la guía y la provisión de Dios. Por encima de todo, que hagamos resplandecer la luz de Cristo dondequiera que vayamos —ya sea en esta catedral, en la calle, en casa o en el mundo digital—. Porque es al dar esa luz que recibimos vida vivificadora.
Ven, Espíritu Santo, enciende tu llama dentro de nosotros. Faculta nos para recorrer el camino de Jesucristo en este tiempo y lugar. Únenos en el ministerio y el servicio como el cuerpo de Cristo.
Hay mucho motivo de regocijo en este momento. Pero, más aún, hay expectación por la labor que nos espera. A medida que vivimos este pacto, oro para que nuestros lazos de afecto sigan creciendo. Que caminemos juntos con fidelidad, llevando la luz de Cristo al mundo.
Gracias por su colaboración y amistad. Espero con ansias todo lo que lograremos en este nuevo capítulo. Y que el amor de Dios, la gracia de nuestro hermano Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo estén con todos nosotros, ahora y siempre. Amén.





