El Obispo/a Presidente de la Iglesia Episcopal insta a tomar en cuenta las necesidades de la gente en la reunión de ministros de Agricultura del G20 de esta semana

En previsión de la reunión agrícola del G20 que se celebrará esta semana en París, Francia, la obispa/a presidente de la Iglesia Episcopal, Katharine Jefferts Schori, instó al secretario de Agricultura de EE. UU., Tom Vilsack, a tomar en cuenta «las necesidades de las personas en los países en vías de desarrollo más afectados por la inseguridad alimentaria».

«Soy consciente de los déficits presupuestarios que enfrentan actualmente Estados Unidos y la mayoría de los países industrializados del mundo», señaló. «Sin embargo, aumentar la inversión en seguridad alimentaria fortalecerá toda la economía global y, en última instancia, generará ahorros de miles de millones de dólares para Estados Unidos y otros países industrializados.  La inversión en seguridad alimentaria es, en verdad, una inversión en el futuro».

A continuación se reproduce la carta del Obispo/a Presidente:

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Al Honorable Tom Vilsack

Secretario de Agricultura de Estados Unidos

Washington, DC 20560

 

Estimado secretario Vilsack:

 

Como Obispo/a Presidente de la Iglesia Episcopal, le escribo antes de la reunión de esta semana de los ministros de agricultura del G20 para instar a que se tomen en cuenta las necesidades de las personas en los países en vías de desarrollo más afectados por la inseguridad alimentaria. La Iglesia Episcopal es miembro de la Comunión anglicana mundial, cuyos 80 millones de miembros viven en su mayoría en países en vías de desarrollo.  Esta carta le llega hoy, al mismo tiempo que otros líderes de las iglesias anglicanas y episcopales de todo el mundo escriben a sus respectivos ministros de Agricultura para compartir este llamado, con especial preocupación por el impacto de los altos precios de los alimentos en los agricultores de pequeña escala y de subsistencia, muchos de los cuales son mujeres.

El enfoque en los alimentos en la cumbre del G20 de este año representa un importante reconocimiento por parte de los líderes mundiales de que el aumento de los precios de los alimentos representa una crisis potencial para las regiones del mundo más afectadas por el hambre y la desnutrición, especialmente África y el sur y sudeste de Asia.  Junto con mis colegas líderes anglicanos, me alienta especialmente el creciente consenso global para reducir los precios de los alimentos mediante un mayor gasto agrícola, la investigación y el desarrollo en materia de productividad agrícola, y la reducción de las barreras comerciales.  Además, como estadounidense, me alienta especialmente la iniciativa «Feed the Future» del presidente, que reconoce que la seguridad alimentaria es clave para erradicar la pobreza mundial y alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Para aprovechar estos compromisos y responder con agilidad a la crisis inminente del aumento de los precios de los alimentos, insto a los líderes del G20 a considerar cuatro nuevas medidas.

En primer lugar, un mayor apoyo global a los pequeños agricultores y a quienes cultivan para su subsistencia constituiría una inversión importante en quienes producen aproximadamente el 80 por ciento del suministro de alimentos en los países en vías de desarrollo, la mayoría de los cuales son mujeres.  Dicho apoyo debería incluir inversión financiera en capacitación; un mayor acceso al crédito, incluyendo subsidios y garantías para préstamos; un mejor acceso a los mercados globales; y el desarrollo de nuevas medidas para ayudar a los agricultores a mitigar los riesgos y mejorar el almacenamiento de cultivos a pequeña escala.  Además, los líderes mundiales deberían comprometerse a trabajar para mejorar la tenencia de la tierra para las mujeres en todos los países y a promover la participación de las mujeres en la toma de decisiones nacionales sobre agricultura, desarrollo rural y gestión de recursos.

En segundo lugar, es crucial que los líderes del G20 respalden los llamamientos de los ministros de Agricultura de África y otras regiones del mundo en vías de desarrollo para aumentar la inversión en investigación agrícola, mejorar la difusión de la información de investigación entre los agricultores de los países en vías de desarrollo, fomentar la inversión internacional en los mercados de seguros agrícolas de los países pobres y desarrollar una mejor infraestructura agrícola —en particular, de riego— en los países pobres.  También es fundamental que los países industrializados reformen su estructura de subsidios agrícolas, un objetivo por el que la Iglesia Episcopal y muchas otras comunidades de fe trabajaron durante la última renovación de la Ley Agrícola y seguirán trabajando en la próxima renovación de la legislación.

En tercer lugar, los líderes del G20 deberían procurar incorporar medidas de seguridad alimentaria en estrategias más amplias para reducir la pobreza mundial y alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tal como Estados Unidos ha comenzado a hacerlo a través de la iniciativa «Feed the Future». Un componente importante de esto, que aún no ha recibido la consideración adecuada en Estados Unidos, es detener el calentamiento global y el cambio climático que lo acompaña.  El clima afecta significativamente la productividad agrícola, los patrones de precipitación, las sequías y el rendimiento de los cultivos. Una estrategia integral para abordar la seguridad alimentaria como parte de la lucha contra la pobreza global debe incluir esfuerzos serios para reducir las emisiones de carbono que causan el cambio climático.

Por último, y lo más fundamental, es crucial que los líderes mundiales cumplan las promesas que ya han hecho en materia de políticas alimentarias y contra el hambre. En 2009, las ocho naciones más ricas del mundo firmaron la Iniciativa de Seguridad Alimentaria de Aquila, comprometiéndose a alcanzar metas claras para aumentar el gasto en agricultura.  Hasta el momento, estos compromisos no se han cumplido, aunque el presidente Obama ha presentado un plan para la contribución de Estados Unidos a través de la iniciativa «Feed the Future», el cual aún no ha recibido financiamiento. Soy consciente de los déficits presupuestarios que enfrentan actualmente Estados Unidos y la mayoría de los países industrializados del mundo.  Sin embargo, aumentar la inversión en seguridad alimentaria fortalecerá toda la economía global y, en última instancia, generará ahorros de miles de millones de dólares para Estados Unidos y otros países industrializados. La inversión en seguridad alimentaria es, en verdad, una inversión en el futuro.

Gracias por considerar estos temas tan importantes. Sepan que mis oraciones están con ustedes y con todos los que emprenden la ardua labor del servicio público, y que sigo siendo

 

                                                                                Atentamente,

                                                                                La Reverendísima Katharine Jefferts Schori

                                                                                Obispo/a Presidente y Primado/a

                                                                                la Iglesia Episcopal