Un programa de salud integral y universal
La Iglesia apoya la atención médica integral y reconoce la necesidad de un acceso universal y equitativo para todos. La Convención General insta a los episcopales a abogar por una atención médica adecuada, junto con la nutrición y la vivienda, como derechos humanos que deben garantizarse a todos los que residen en nuestro país, incluidos los veteranos. Esta defensa de diversas propuestas de políticas de salud se considera un ministerio de la Iglesia y una forma de promover comunidades estadounidenses saludables.
Las políticas recientes de la Iglesia que instan al desarrollo de programas de salud se basan en una trayectoria que se remonta a décadas, la cual incluye la defensa y la educación sobre el VIH/SIDA. En el año 2000, la Convención General pidió a los episcopales que abogaran por un sistema de salud que garantizara una atención primaria digna y adecuada. Más recientemente, la Iglesia ha instado a los episcopales a ponerse en contacto con los funcionarios electos a nivel federal, estatal y local para crear una definición integral de la atención médica básica, establecer un sistema que brinde esta atención básica a todos y crear un mecanismo de supervisión independiente para auditar la prestación de dicha atención médica básica.
En 2009, la Iglesia instó específicamente a que se aprobara un programa de atención médica universal de «pagador único» mediante legislación federal y apoyó los esfuerzos para alcanzar el objetivo de la cobertura de atención médica universal. La Convención General además encargó a la Oficina de Relaciones Gubernamentales que investigara las opciones de políticas de salud y que buscara enfoques innovadores y graduales a corto plazo para la atención médica universal, mientras el país avanza hacia el objetivo de un programa de «pagador único».
La Convención General también respalda políticas destinadas especialmente a proteger a las personas y familias de bajos ingresos. La Iglesia ha reafirmado su apoyo a la financiación plena y adecuada de los programas de la red de seguridad social, incluidos Medicaid y Medicare, que ayudan a atender las necesidades de atención médica de las poblaciones vulnerables, y ha instado al gobierno de los Estados Unidos a preservar y proteger estos programas esenciales. Además, la Iglesia Episcopal se opone a las propuestas que limitan el financiamiento de los beneficios a subvenciones en bloque, impiden la inscripción de nuevas personas que cumplen con los requisitos de ingresos sin importar sus necesidades y estipulan que quienes pierdan la elegibilidad no puedan volver a inscribirse. Específicamente, se insta a los episcopales y a las diócesis de los estados que no aceptaron la expansión de Medicaid prevista en la Ley de Cuidado de Salud Asequible a que aboguen ante sus funcionarios estatales para que acepten este beneficio y los fondos federales para sus electores.
La Convención General insta además a los episcopales a abogar por que se atiendan las necesidades específicas de atención médica de las mujeres y las niñas. Esto incluye instar a que haya financiamiento y apoyo gubernamentales adecuados para la investigación y el desarrollo, así como para la prevención y el tratamiento de cuestiones que afectan la salud y la calidad de vida de las mujeres, entre ellas la violencia intrafamiliar, los anticonceptivos, el VIH/SIDA, el cáncer, la atención de la maternidad y otras enfermedades crónicas prevalentes entre las mujeres. En nuestro resumen de las políticas de la Convención General sobre el aborto y la salud reproductiva de las mujeres se aborda con mayor detalle el acceso equitativo a la atención médica para las mujeres.
En 2018, la Convención General reafirmó su compromiso previo de garantizar que todas las personas tengan acceso a una atención prenatal de calidad para abordar las preocupaciones relacionadas con el aumento de las tasas de mortalidad y morbilidad materna, especialmente entre las mujeres de bajos ingresos y las mujeres de color. La Convención General ha expresado su apoyo a los esfuerzos diocesanos de defensa para que las mujeres tengan derecho a una atención de salud perinatal segura y accesible que permita embarazos saludables y el bienestar materno en general. Se solicita a la Oficina de Relaciones Gubernamentales que se asegure de que la atención médica materna segura y respetuosa sea reconocida como un derecho humano en todo Estados Unidos y que inste a los gobiernos estatales a adoptar un enfoque basado en los derechos humanos para garantizar un embarazo y un parto seguros.
Defensa de la atención médica
Disparidades raciales en la atención médica
Al igual que con otros temas, la Oficina de Relaciones Gubernamentales se esfuerza por considerar los aspectos de justicia racial y sanación racial de una política determinada. La Iglesia reconoce que existe una disparidad racial en la calidad de la atención médica en todo Estados Unidos. En particular, la Iglesia reconoce las discrepancias en los niveles de atención y tratamiento de las personas que viven con VIH/SIDA, la falta de acceso a diagnósticos precisos y tratamientos eficaces para las personas marginadas en lo que respecta a los trastornos por consumo de sustancias, y la trágica disparidad en la atención médica materna que ha resultado de la discriminación racial en la atención médica materna prenatal y posnatal para las mujeres en situación de pobreza y las mujeres de color. Más recientemente, las disparidades raciales en la calidad de la atención médica se pueden observar en el impacto desproporcionado que la pandemia de COVID-19 ha tenido entre las comunidades de color en todo Estados Unidos, especialmente entre las comunidades indígenas, lo que hace aún más necesario tomar medidas para resolver esta crisis. La Iglesia Episcopal ha reconocido los desafíos que enfrentan las comunidades indígenas incluso antes de la COVID-19, ya que estas comunidades experimentan disparidades cada vez mayores en materia de salud, atención médica y calidad de vida.
La Iglesia Episcopal sobre el abuso de sustancias y la salud mental
Adicción y tratamiento
La Iglesia, al reconocer el alcance y el impacto que tiene la adicción, exhorta a las diócesis a ofrecer programas educativos a las congregaciones sobre los avances recientes en el tratamiento de la adicción y a abordar los problemas relacionados con la dependencia dentro de la Iglesia. La Iglesia reconoce su tolerancia de larga data hacia el consumo de alcohol y, desde entonces, se ha comprometido a crear una nueva normalidad en su relación con el alcohol. Al hacerlo, la Iglesia espera ser un lugar en el que las conversaciones difíciles sobre el alcohol y la adicción no se centren simplemente en el tratamiento, sino que también incluyan la renovación, la justicia, la integridad y la sanación. La Iglesia también se ha comprometido a combatir el alcoholismo fuera de los entornos eclesiásticos mediante el financiamiento de programas contra el alcoholismo.
En 2018, la Convención instó a las diócesis a responder a la epidemia en curso de adicción a los opioides, asociándose con los servicios de emergencia y otros miembros de la comunidad médica y de fe para impartir capacitaciones sobre la administración de primeros auxilios en caso de sobredosis y brindar atención pastoral a las personas afectadas. La Iglesia insta al gobierno federal a abordar esta epidemia como una crisis de salud pública, reconociendo el trastorno por consumo de opioides como una enfermedad, lo cual requerirá recursos adecuados para que las personas afectadas puedan recibir un tratamiento eficaz.
Perspectivas episcopales sobre la salud mental
Durante décadas, la Iglesia Episcopal se ha dedicado a apoyar a quienes necesitan atención médica para la salud mental. Una de las primeras acciones de la Iglesia para apoyar a las personas con enfermedades mentales fue a través del ministerio dirigido a las personas sin hogar que también luchan contra enfermedades mentales. Este apoyo ha evolucionado a medida que la Iglesia ha profundizado su comprensión de las enfermedades mentales mediante material educativo y la adopción de mejores prácticas para la inclusión, el apoyo y la atención espiritual de quienes padecen enfermedades mentales. En 2018, la Iglesia creó un grupo de trabajo para reforzar su compromiso con las personas con enfermedades mentales y sus familias.
Para abordar la salud y las enfermedades mentales, la Iglesia Episcopal alienta a sus miembros a informarse mejor sobre el tema con el fin de reducir el estigma y los estereotipos. Parte de ese trabajo consiste en abogar por políticas públicas y una financiación pública adecuada para servicios integrales basados en la comunidad, atención hospitalaria e investigación sobre las causas y los tratamientos de las enfermedades mentales.





