Como personas de fe, reafirmamos la dignidad de cada ser humano y nuestro compromiso de amar y cuidar a nuestro prójimo. Un cierre del gobierno, con sus consecuencias de gran alcance, socava nuestros compromisos fundamentales y nuestra vida en común. Interrumpe los servicios esenciales que apoyan a los más vulnerables entre nosotros, perjudica a los trabajadores federales y a sus familias, desperdicia el dinero de nuestros impuestos y socava la credibilidad del gobierno.
Nuestras tradiciones religiosas nos enseñan la importancia de la justicia, la compasión y el bien común. Hacemos un llamado a los líderes del Congreso para que cumplan con su obligación más básica y garanticen un gobierno que funcione —y cuente con financiamiento—. Instamos a los miembros obstruccionistas del Congreso a que eviten este cierre del gobierno y den prioridad al bienestar de las personas a quienes sirven, encarnando los valores que nos unen y honrando los principios sobre los que se fundó nuestra nación.





