Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal: Palabras de apertura del Obispo/a Presidente Sean Rowe

A continuación se presenta una transcripción ligeramente editada de las palabras de apertura del Obispo/a Presidente Sean Rowe ante el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, reunido del 7 al 9 de noviembre en New Brunswick, Nueva Jersey.

Buenos días y bienvenidos a New Brunswick. Me da mucho gusto estar aquí con ustedes en esta primera reunión del Consejo Ejecutivo del trienio. Gracias por el tiempo que han dedicado a prepararse para esta reunión y a viajar, y por compartir sus dones.

Quizá sea quedarse corto decir que ha sido una semana de las grandes. Mi mandato como Obispo/a Presidente comenzó el viernes pasado; el sábado lo celebramos con lo que considero un servicio de investidura creativo y alegre, y luego nos despertamos con la noticia de que el presidente Trump ha sido reelegido para otro mandato como presidente de los Estados Unidos. Ha sido una semana intensa.

Como les escribí ayer a la iglesia, independientemente de nuestras afiliaciones políticas, debemos recordar que Dios ha llamado a la Iglesia Episcopal a buscar a Cristo en todas las personas y a servir a Cristo en todas las personas. Sin importar el partido que esté en el poder, somos una sola iglesia y seguiremos cumpliendo nuestro pacto bautismal al proclamar, con palabras y con el ejemplo, las Buenas Nuevas de Dios en Cristo, luchando por la justicia y la paz entre todas las personas y respetando la dignidad de cada ser humano. Este es nuestro llamado, nuestro compromiso, nuestro pacto.

Ante estas noticias, el personal y la gente de los Ministerios Episcopales de Migración son una prioridad máxima. Estamos comprometidos a trabajar con la nueva administración para promover políticas que sigan las enseñanzas de Jesús, apoyando a los más vulnerables entre nosotros. Y sabemos que el exitoso programa federal bipartidista, gracias al cual nuestra iglesia ha reasentado a más de 100,000 refugiados e inmigrantes desde 1988, probablemente enfrentará recortes drásticos, tal como ocurrió en 2016. Abogaremos sin descanso por los Ministerios Episcopales de Migración y nuestra labor en ellos, así como por la dignidad y los derechos de todo el pueblo de Dios; y sabemos que debemos estar preparados para lo que pueda venir.

Durante nuestras sesiones de orientación, hablamos de que el Consejo Ejecutivo brinde supervisión a nivel de junta directiva y orientación estratégica. Estos importantes desafíos para los Ministerios Episcopales de Migración serán temas que debemos abordar en los próximos meses, y esperamos tener más que decir al respecto en la reunión de febrero. Esa reunión, por cierto, será en el Maritime Center de Maryland, no en Chicago. Definitivamente queremos ir a Chicago, pero no en invierno. En ese momento nos pareció una buena idea.

Otra prioridad que ocupará gran parte de nuestra atención, tanto en esta reunión como en febrero, es nuestro trabajo para definir la estrategia misionera y alinear al personal del Centro Eclesiástico con dicha estrategia. Este es el trabajo que estableció el Consejo Ejecutivo en 2023, y desde mediados de septiembre hemos estado trabajando con el equipo de Compass de Insight Global para recopilar los datos que necesitamos para llevar a cabo esta reorientación que se nos ha encomendado. Mañana, tres miembros del equipo de Compass estarán aquí para ofrecernos un resumen general de los datos que han recopilado y les pedirán que participen en un ejercicio que nos ayudará a refinar nuestra visión y nuestra hoja de ruta para lograrla.

Luego, una última prioridad que quiero mencionar hoy, ya que oirán más al respecto cuando el Comité Presupuestario Conjunto haga su presentación mañana: tal vez recuerden que la Resolución D022 de la Convención General del verano pasado solicita a la Comisión Permanente sobre Estructura, Gobierno, Constitución y Cánones que cree un grupo de trabajo sobre el proceso legislativo de la Convención General.

La presidenta Ayala Harris y yo esperamos que este grupo vaya más allá del análisis de la legislación y nos brinde la oportunidad de formar varios equipos multifuncionales integrados por personal, delegados, obispos/as y otros líderes para examinar todos los aspectos de la Convención General. Necesitamos tener una conversación productiva sobre cómo queremos crear una convención que funcione para la iglesia que somos hoy, y me gustaría comenzar ese trabajo tan pronto como podamos y poner a prueba algunas de estas nuevas ideas en 2027. Esperamos comenzar en la próxima reunión de los organismos interinos, cuando tendremos la oportunidad de trabajar con la Comisión Permanente sobre Estructura, Gobierno, Constitución y Cánones, y planeamos tener una conversación específica al respecto como Junta, como Consejo Ejecutivo, en febrero.

En esta reunión, gracias al liderazgo de Katie Sherrod, vamos a retomar una costumbre de una época pasada de los Consejos Ejecutivos. Solía ser que los miembros del Consejo Ejecutivo escribían una carta a la iglesia al final de cada reunión, una especie de boletín informativo, por así decirlo, que resumía el trabajo y las esperanzas para la iglesia. Katie se ha ofrecido generosamente a revivir estas cartas y a trabajar con un pequeño grupo de trabajo para redactarlas, y estoy ansioso por ver el resultado; así que gracias por estar dispuestos a hacerlo.

Espero que, al comenzar este trabajo juntos, podamos encontrar formas más sencillas como esta para fortalecer nuestra comunidad al servicio de nuestro ministerio en la iglesia. El día que fui elegido en junio, les pedí a los obispos y a los diputados/as que consideraran el tiempo entre ese momento y noviembre como una especie de jubileo relacional, un tiempo para dejar atrás el resentimiento, la ira y los rencores que con demasiada frecuencia han debilitado el liderazgo de nuestra iglesia, y para buscar nuevas formas de trabajar juntos y de impulsar esta misión, que ahora es más crucial que nunca.

Creo sinceramente que hemos avanzado en ese sentido en los últimos cuatro meses, pero no les sorprenderá saber que aún no hemos terminado la tarea; siempre hay más por hacer. Por eso espero que prolonguen este tiempo de jubileo relacional y permitan que impregne nuestras interacciones mutuas en esta reunión. Espero que la forma en que nos tratemos unos a otros aquí pueda ser un testimonio del poder de las Buenas Nuevas de Dios en Cristo, y que podamos fortalecer las relaciones para guiar a la iglesia. Y espero que, allí donde estemos divididos, podamos encontrar el valor para perdonarnos unos a otros y comenzar de nuevo, por el bien del Evangelio de Jesucristo.

Oremos:

Oh Dios, tú nos creaste a tu imagen y nos redimiste por medio de Jesús, tu Hijo: mira con compasión a toda la familia humana; quita la arrogancia y el odio que infectan nuestros corazones; derriba los muros que nos separan; únenos en lazos de amor; y obra a través de nuestra lucha y confusión para cumplir tus propósitos en la tierra; para que, en tu momento oportuno, todas las naciones y razas puedan servirte en armonía alrededor de tu trono celestial; por Jesucristo nuestro Señor.

Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal: discurso de apertura del obispo primado Sean Rowe

Lo que sigue es una transcripción ligeramente editada del discurso de apertura del obispo primado Sean Rowe ante el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, reunido del 7 al 9 de noviembre en New Brunswick, Nueva Jersey.

Buenos días y bienvenidos a New Brunswick. Me da mucho gusto estar aquí con ustedes en esta primera reunión del Consejo Ejecutivo del trienio. Gracias por el tiempo que han dedicado a prepararse para esta reunión y a viajar hasta aquí, y por compartir sus dones.

Podría ser un eufemismo decir que ha sido una gran semana. Mi mandato como obispo primado comenzó el viernes pasado; el sábado celebramos lo que creo que fue un servicio de investidura creativo y alegre, y luego nos despertamos con la noticia de que el presidente Trump ha sido reelegido para otro mandato como presidente de Estados Unidos. Todo en una semana.

Como les escribí ayer a la Iglesia, independientemente de nuestras afiliaciones políticas, debemos recordar que Dios ha llamado a la Iglesia Episcopal a buscar a Cristo en todas las personas y a servir a Cristo en todas las personas. No importa qué partido esté en el poder, somos una sola Iglesia y seguiremos cumpliendo nuestro Pacto Bautismal proclamando con la palabra y el ejemplo las Buenas Nuevas de Dios en Cristo, luchando por la justicia y la paz entre todos los pueblos y respetando la dignidad de cada ser humano. Este es nuestro llamado, nuestra promesa, nuestro pacto.

Ante esta noticia, el personal y las personas del Ministerio Episcopal de Migración son una prioridad máxima. Estamos comprometidos a colaborar con el nuevo gobierno para promover políticas que sigan las enseñanzas de Jesús en apoyo a los más vulnerables entre nosotros. Y sabemos que el exitoso programa federal bipartidista mediante el cual nuestra Iglesia ha reasentado a más de 100 000 refugiados e inmigrantes desde 1988 probablemente enfrentará reducciones drásticas, como ocurrió en 2016. Abogaremos incansablemente por el Ministerio Episcopal de Migración y nuestra labor en él, así como por la dignidad y los derechos de todo el pueblo de Dios, y sabemos que debemos estar preparados para lo que pueda venir.

Durante nuestras sesiones de orientación, hablamos de que el Consejo Ejecutivo brinde supervisión y orientación estratégicas a nivel de junta directiva. Estos importantes desafíos para el Ministerio Episcopal de Migración constituirán una tarea que debemos abordar en los próximos meses, y esperamos tener más que decir en la reunión de febrero. Esa reunión, por cierto, será en el Centro Marítimo de Maryland, no en Chicago. Definitivamente queremos ir a Chicago, pero no en invierno. En ese momento me pareció una buena idea.

Otra prioridad que ocupará gran parte de nuestra atención tanto en esta reunión como en la de febrero es nuestro trabajo para definir la estrategia de la misión y alinear al personal del Centro [Denominacional] de la iglesia con esa estrategia. Esta es la tarea que estableció el Consejo Ejecutivo en 2023 y, desde mediados de septiembre, hemos estado trabajando con el equipo de Compass en Perspectiva Global [Insight Global] para reunir los datos que necesitamos para emprender esta realineación que se nos ha encomendado. Mañana, tres miembros del equipo de Compass estarán aquí para ofrecernos una descripción general de los datos que han recopilado y pedirles a ustedes que participen en un ejercicio que nos ayudará a perfeccionar nuestra visión y nuestra hoja de ruta para alcanzarla.

Luego, una última prioridad que quiero plantear hoy, ya que escucharán más al respecto cuando el Comité Conjunto de Presupuesto haga su presentación mañana: quizás recuerden que la Resolución D022 de la Convención General del verano pasado solicita a la Comisión Permanente de Gobierno, Estructura, Constitución y Cánones la creación de un equipo de trabajo sobre el proceso legislativo de la Convención General.

La presidenta Ayala Harris y yo esperamos que este equipo pueda ir más allá del análisis de la legislación y nos brinde la oportunidad de formar varios equipos multifuncionales integrados por personal, diputados, obispos y otros líderes para analizar todos los aspectos de la Convención General. Necesitamos tener un diálogo productivo sobre cómo queremos crear una convención que funcione para la Iglesia que somos hoy, y me gustaría comenzar esa tarea tan pronto como podamos y poner a prueba algunas de estas nuevas ideas en 2027. Esperamos comenzar en la próxima reunión de los organismos interinos, cuando tendremos la oportunidad de colaborar con la Comisión Permanente de Estructura, Gobierno, Constitución y Cánones, y planeamos mantener un diálogo enfocado al respecto como junta directiva y como Consejo Ejecutivo, en febrero.

En esta reunión, gracias al liderazgo de Katie Sherrod, retomaremos una costumbre de una época pasada de los consejos ejecutivos. Solía ser que los miembros del Consejo Ejecutivo escribían una carta a la Iglesia al final de cada reunión, una especie de boletín, por así decirlo, en el que resumían el trabajo y las esperanzas para la Iglesia. Katie se ha ofrecido generosamente a revivir estas cartas y a trabajar con un pequeño equipo para elaborarlas, y espero con ansias ese resultado, así que gracias por estar dispuesta a hacerlo.

Espero que al emprender esta tarea juntos, podamos encontrar formas más sencillas como esta de edificar una comunidad al servicio de nuestro ministerio a la Iglesia. El día que fui elegido en junio, les pedí a los obispos y diputados que consideraran el período entre ese momento y noviembre como una especie de jubileo relacional, un tiempo para dejar de lado el resentimiento, la ira y los rencores que con demasiada frecuencia han debilitado el liderazgo de nuestra Iglesia, y buscar nuevas formas de trabajar juntos y de apoyar esta misión, que ahora es más esencial que nunca.

Realmente creo que hemos avanzado en ese sentido en los últimos cuatro meses, pero no les sorprenderá saber que aún no hemos concluido la labor; siempre hay más por hacer. Por eso, espero que prolonguen este tiempo de jubileo relacional y permitan que impregne nuestras interacciones mutuas en esta reunión. Espero que la forma en que nos tratemos unos a otros aquí sea un testimonio del poder de la Buena Nueva de Dios en Cristo y que podamos construir relaciones para liderar la Iglesia. Y espero que, allí donde estemos divididos, podamos encontrar el valor para perdonarnos mutuamente y comenzar de nuevo, por el bien del Evangelio de Jesucristo.

Oremos:

Oh Dios, tú nos creaste a tu imagen y nos redimiste por medio de Jesús, tu Hijo: mira, en tu compasión, a toda la familia humana; quita el odio y la arrogancia que nos corrompen el corazón; derriba las barreras que nos separan; únanos en lazos de amor; y actúa a través de nuestra lucha y confusión para cumplir tus propósitos en la tierra, para que, a su debido tiempo, todas las naciones y razas te sirvan en armonía alrededor de tu trono celestial; por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.