(Celebrando la herencia hispana a través de nuestra espiritualidad)
Por Ema Rosero-Nordalm

La riqueza de nuestro patrimonio histórico y cultural es tan extensa y fascinante que se necesitarían páginas y páginas para describirla en toda su plenitud. Quisiera invitar a las comunidades latinas que tanto aprecio a celebrar nuestra espiritualidad como un denominador común que nos permite, en este país, ser parte del Único Cuerpo de Cristo, sin importar nuestro país de origen.
Comencemos por celebrar nuestras expresiones sinceras dirigidas a Dios, tales como «Dios mío», «Si Dios quiere», «Con Dios delante», «Confiando en Dios», «Lo quiso Dios», «Bendito», «Virgen Santísima» y «Ofrézcome».» Pronunciadas por latinos y latinas de todas las edades en todo momento, estas expresiones hablan claramente de nuestra fe y creencia profundas e inquebrantables en un Dios que está siempre presente, es infinitamente amoroso, perdona sin límites y está lleno de compasión. Tenemos muchas formas de expresar alabanza, adoración, gratitud, petición e intercesión por los demás, y son elementos clave del camino espiritual de nuestras diversas comunidades, ya seamos inmigrantes o la nueva generación nacida en los Estados Unidos.
Somos elocuentes cuando expresamos nuestro amor por Dios nuestro padre y María nuestra madre, cuando nos referimos a Jesús como nuestro hermano y compañero de camino, cuando decimos que somos instrumentos del Espíritu Santo. El origen de esa elocuencia se encuentra en las tradiciones orales de los diferentes países de América Latina. Los latinoamericanos de todas las razas crecemos escuchando a diario discursos elegantes e imaginativos que provienen no solo de patriarcas apasionados, padres, educadores y líderes religiosos, sino también del “pregonero” de la calle, el “profeta de la calle” y, por supuesto, los políticos.
Aunque algunos de nosotros sintamos que no se nos invitó a expresar en voz alta lo que aprendimos de estas voces públicas, es un conocimiento y una experiencia que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Brota cuando dejamos nuestro adorado «terruño» y, en tierra extranjera, da forma a nuestra identidad y nuestra espiritualidad. En esos momentos, se proclaman imágenes y palabras asombrosas sobre el Dios de nuestros antepasados; el Dios a quien veneramos en momentos de alegría y durante nuestras pruebas y tribulaciones; el Dios que nos inspira a actuar de inmediato y con amor por el bien de los demás; el Dios que nos da la fuerza para buscar la paz y la liberación de la injusticia; el Dios que nos enseña a respetar nuestra propia dignidad y la dignidad de cada persona con la que nos cruzamos.
Podemos compartir y transmitir esta fe y estas expresiones a las nuevas generaciones. Es una forma de vivir nuestras vidas compartiendo un origen común, todos unidos en la fe y la adoración a las fuentes de nuestra fortaleza: Dios Padre, María, la Madre de Dios, Jesús, el mentor y compañero en nuestro camino espiritual, y el Espíritu Santo, en quien confiamos como fuente de vida, guía, inspiración y transformación. La fe, la adoración individual constante a través de la oración y los himnos, la adoración en comunidad y el servicio humilde, comprometido y amoroso al prójimo son los tesoros espirituales de nuestras comunidades latinas. ¡Celebremos esos tesoros!
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La Rvda. diácona Ema Rosero-Nordalm forma parte de la Diócesis Episcopal de Massachusetts y sirve a las comunidades latinas en los Estados Unidos y en el extranjero como mentora espiritual, formadora y clériga de apoyo. Actualmente, presta servicio a la comunidad en el Ministerio Vecinal San Óscar Romero, que forma parte de la Abadía de Allston en Boston.





