Por el Rvdo. Miguel Bustos

Me encanta esta época del año.
El otoño siempre ha sido una época de reflexión y celebración. Del 15 de septiembre al 15 de octubre, celebramos el Mes de la Herencia Hispana. Y el 11 de octubre, celebramos el Día Nacional de Salir del Armario.
Como miembro latino gay de la rama episcopal del Movimiento de Jesús, vuelvo a recordar la increíble riqueza que la diversidad aporta a nuestras vidas, comunidades e iglesias.
Estas dos celebraciones pueden parecer distintas, pero comparten un hilo conductor: la belleza de aceptar nuestro verdadero yo y nuestra herencia, al tiempo que reconocemos y celebramos las identidades y experiencias únicas de los demás.
El Mes de la Herencia Hispana fue un momento para honrar el rico mosaico de culturas, tradiciones e historias que conforman las comunidades hispanas y latinas en todas las Américas. Muchas de nuestras familias provienen de países de la Provincia 9. Algunas llegaron hace décadas, otras el año pasado y otras nunca abandonaron su tierra después de que México se incorporara a los Estados Unidos.
Tal como Jesús trató de mostrarnos, todos estamos interconectados, y nuestra diversidad resalta la belleza del diseño de Dios. Así como cada color del arcoíris contribuye a su intensidad, también la miríada de culturas, idiomas y tradiciones dentro de las comunidades hispanas y latinx enriquecen nuestra iglesia y nuestras vidas.
El Día Nacional de la Salida del Armario fue una oportunidad para que las personas aceptaran su verdadero yo, vivieran con autenticidad y encontraran amor, aceptación y apoyo de parte de sus amigos, familias, iglesia y comunidades. Este día fue otro recordatorio de que Dios nos hizo a todos únicos y, como hijos de Dios, merecemos respeto, dignidad y amor, sin importar a quién amemos o cómo nos identifiquemos.
Cuando le preguntaron a Jesús: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?», él respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el mayor y el primero. Y hay otro igual a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas» (Mateo 22: 37-40). Por lo tanto, estamos llamados a amarnos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos: a amar de una manera que no conozca límites, fronteras ni condiciones, y a acoger y celebrar a cada hijo de un Dios amoroso. Y a amar de una manera que acepte esta invitación a comprender plenamente la inmensidad de la hermosa creación de Dios.
Espero que, más allá de estos meses y días especiales, en nuestra vida cristiana cotidiana, nos unamos con corazones y mentes abiertos para acoger la diversidad de nuestros hermanos e hermanas hispanos y latinx en todas las Américas, y que nos mantengamos solidarios con nuestros hermanos y hermanas LGBTQ+ y de dos espíritus en todo el mundo.
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El Rvdo. Miguel Bustos es el responsable de reconciliación racial y justicia.





