Por Miguel Bustos
A medida que se acerca la temporada de Navidad, recordamos la profunda esperanza y la luz que llegaron al mundo con el nacimiento de Cristo. Esta temporada sagrada nos invita a reflexionar sobre el amor de Dios manifestado, un amor que irrumpe en las noches más oscuras y promete que ninguna sombra es demasiado profunda para que la luz de la gracia brille a través de ella.
Los meses de invierno nos invitan a hacer una pausa, a sentarnos mientras las noches se alargan y a encontrar fortaleza en la promesa del regreso de la luz. Es durante este tiempo que estamos llamados a encarnar esa luz, no solo como un faro para nosotros mismos, sino también para los demás.
La labor de «Convertirnos en una comunidad amada» se basa en este llamado. En medio de las complejidades de nuestro mundo —marcado por divisiones, injusticias e incertidumbres—, nuestra fe nos recuerda que la esperanza no es pasiva. La esperanza es activa. Se vive cuando buscamos la reconciliación, decimos la verdad y nos comprometemos con la justicia y el amor.
Al encender nuestras velas de Adviento y cantar sobre el Emmanuel, renovemos nuestro compromiso de ser la luz. Seamos las manos que sanan, las voces que consuelan y la presencia que se mantiene solidaria junto a los demás. Juntos, podemos iluminar el camino a seguir, dando testimonio del poder transformador del amor de Dios en nuestras vidas y en el mundo.
Que esta temporada de Navidad los llene de esperanza renovada, paz profunda y una determinación inquebrantable de ser la luz los unos para los otros.
Con mis mejores deseos y bendiciones,
Miguel+
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El Venerable Rvdo. Miguel Bustos es el responsable de reconciliación racial y justicia de la Iglesia Episcopal. También se desempeña como archidiácono/a en la Diócesis Episcopal de California.





