Palabras de apertura de la presidente Julia Ayala Harris en la sesión de orientación de la Cámara de Diputados sobre la CG81
A continuación un extracto de las palabras de apertura de la presidente de la Cámara de Diputados, Julia Ayala Harris, durante una sesión de orientación virtual, el 8 de marzo, para diputados y diputados suplentes que asistirán a la 81ª. Convención General en Louisville, Kentucky el próximo mes de junio.
Al emprender juntos este viaje, nos invitamos a acercarnos a esta Convención General con un espíritu de oración, un compromiso con nuestra fe compartida y la determinación de marcar una diferencia positiva en las vidas de aquellos a quienes servimos. Laborando juntos, guiados por el Espíritu Santo, podemos abordar los desafíos que enfrenta nuestra Iglesia y ayudar a edificar el reino de Dios en la tierra.
Si aún no nos conocemos, ¡saludos! Soy la presidente Julia Ayala Harris. He sido tres veces diputada de la Diócesis de Oklahoma. Esta será mi cuarta Convención General y la primera vez que tendré el privilegio de presidir la Cámara. En 2022, en nuestra última Convención General, fui electa presidente. Soy la presidente número 34, pero también la primera latina, la primera mujer de color y la persona más joven en ocupar el cargo de presidente. Considero estos primeros logros como un honor y una profunda responsabilidad.
En esta temporada que tenemos por delante (un nuevo trienio, un nuevo Obispo Primado, nuevas dificultades y alegrías en el horizonte), creo firmemente que estamos llamados a defender tres prioridades interconectadas para guiar nuestro liderazgo colectivo: accesibilidad, inclusión y seguridad. Estos valores son esenciales para un compañerismo vivificador y un ministerio impactante a través del gobierno de nuestra Iglesia; los cuales configuran, imagino, la manera en que dedicaremos nuestro tiempo juntos en Louisville. Estas prioridades no son ideas abstractas, son compromisos (responsabilidades) que debemos procurar activamente para garantizar que cada miembro de nuestra Iglesia pueda participar de manera eficaz, plena y sin barreras, en su vida y gobierno.
La accesibilidad es mucho más que espacios físicos. Se trata de crear entornos donde todos puedan participar de manera significativa y efectiva en el trabajo de gobierno que tenemos por delante. Accesibilidad significa eliminar barreras (físicas, culturales, lingüísticas o de cualquier tipo) que impidan una participación significativa y sostenible.
Desde nuestra última Convención General, hemos emprendido juntos varias iniciativas nuevas para hacer que nuestras estructuras de gobierno sean más accesibles.
Gracias a mi directora de Comunicaciones, Adia Milien, nuestro boletín de la Cámara de Diputados es completamente bilingüe por primera vez. Nuestro personal es totalmente trilingüe, capaz de responder y de participar en inglés, español y francés: pueden dar respuesta con extraordinaria rapidez.
También hemos iniciado el Podcast del Libro Azul de la Cámara de Diputados, una nueva iniciativa para educar a los líderes sobre las estructuras de gobierno de nuestra Iglesia. En el podcast, los diputados discuten el trabajo esencial de nuestros organismos interinos para dar forma a la agenda y los temas clave para la próxima Convención General. El objetivo es desmitificar estos temas para que los diputados, incluso los que asisten por primera vez, puedan sentirse informados y comprometidos con los asuntos importantes que probablemente se abordarán en nuestros debates.
Nuestra responsabilidad con la inclusión busca, reconoce y celebra activamente los diversos dones que cada persona aporta a nuestra comunidad. Jesús nos llama a amar a Dios y al prójimo sin excepciones. La inclusión debe surgir de este mandamiento central que es tan fundamental para nuestra identidad bautismal como cristianos. Como colaboradores en la redención en Cristo, del mundo de la fragmentación, debemos cuidar de las divisiones dentro del cuerpo. Y sólo podemos hacerlo con el bálsamo del Espíritu de acogida radical, compasión ilimitada y pertenencia íntima.
Hemos estado viviendo la prioridad de la inclusión de varias maneras, tomando en serio nuestro llamado a ser antirracistas y alzar las voces de aquellos históricamente subrepresentados en nuestra vida como Iglesia.
Me complace compartir que, de los informes personales, al menos el 40% de los diputados que han aceptado asignaciones en comités legislativos se identifican a sí mismos como personas de color. ¡Cuarenta porciento!
Y el 90% de ustedes, nuestros diputados y suplentes, ya han participado en capacitaciones de antirracismo, viviendo nuestro compromiso de la Resolución C009 en el último trienio. Esto refleja lo que veo que se mueve en la Iglesia: nuestra dedicación a comprender y a desmantelar el pecado del racismo en nosotros mismos, en las estructuras de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad.
Para el 10% que todavía se empeña en cumplir ese compromiso, sé que su diputación y diócesis los apoyarán en la identificación de recursos y oportunidades. Aprecio mucho su perseverancia, especialmente en algunas circunstancias en las que las barreras del idioma, los conflictos de horarios y las ofertas locales limitadas han constituido un desafío.
Quiero felicitar a nuestros hermanos en Alaska, Navajolandia, Honduras, Colombia, Puerto Rico y las Islas Vírgenes que han sido increíbles al garantizar el acceso a la capacitación a pesar de algunos obstáculos, yendo más allá para garantizar que sus comunidades estén plenamente representadas en la Convención.
Además, es importante señalar que nuestro equipo está trabajando mano a mano con nuestras diócesis internacionales y con la IX Provincia para acelerar las visas a fin de que los diputados puedan viajar a nuestra reunión. Necesitamos todo nuestro cuerpo con nosotros y estamos comprometidos a hacer todo lo posible para sortear las complejidades que existen cuando eres una Iglesia internacional.
Finalmente, la seguridad es una promesa fundamental que debemos cumplir, garantizando que todos los que se comunican con nosotros puedan confiar en la integridad de nuestros procesos e interacciones. La seguridad habla de la confianza que debe existir entre todos los miembros, la seguridad de que nuestros espacios honran la dignidad de cada persona.
La seguridad es física, emocional, psicológica y espiritual. Como latina y líder de esta Iglesia, estoy siempre consciente y me pregunto: ¿cómo podemos mantener segura a nuestra gente cuando ingresan a una de nuestras congregaciones, o a una reunión de la Iglesia, como una junta parroquial o una Convención General? ¿Cómo podemos decir la verdad sobre las formas en que nuestra Iglesia ha sido insegura para algunos de nosotros durante tanto tiempo?
Mientras nos reunimos para la labor de la 81ª. Convención General, invitaré a todos los diputados a firmar un Pacto Comunitario de la Cámara de Diputados. Será totalmente voluntario y no afectará en absoluto su capacidad para servir. Es una invitación a comprometernos unos con otros a buscar el diálogo a través de las diferencias, a eliminar las barreras a la participación y a respetarnos unos a otros y a nuestras buenas intenciones para la iglesia.
También podemos esperar que lleguen ante la Cámara varias resoluciones destinadas a aumentar la seguridad en nuestra Iglesia, provenientes de los comités legislativos No. 2: Constitución y Cánones, No. 16: Seguridad, Bienestar y Salud Mental, y del No. 18: Título. IV Canon Disciplinario.
Si podemos buscar y esperar que las estructuras de nuestra iglesia (espacios, reuniones, gobierno) sean más accesibles, más inclusivas y más seguras, podemos buscar y servir juntos a la Amada Comunidad. Nos necesitamos unos a otros para hacer este trabajo; ningún presidente, obispo primado o diputado realmente eficaz y entusiasta puede hacer realidad este sueño por sí solo.
Y esto nos lleva a nuestro tema general para la 81.ª Convención General: «Juntos en amor». A lo largo de los próximos 108 días, mientras nos preparamos para esa reunión, nos invitamos a dejar que este tema cale profundamente en nuestros corazones y oriente nuestro quehacer comunitario. Al entrar en esta nueva etapa de la vida en esta Iglesia, escuchando al Espíritu, honrando el legado de los líderes que caminaron antes que nosotros, tenemos esto frente a nosotros: que…
Sólo juntos en amor podremos llevar la Buena Nueva del Amor en Cristo a todas las personas.
Sólo juntos en amor podemos servir a una Iglesia que se parezca más a la Amada Comunidad que buscamos.
Sólo juntos en amor podremos formar y equipar a los líderes que nos guiarán en la próxima temporada y en la siguiente.
Amigos míos, el Evangelio nos llama a seguir adelante.
Durante nuestro tiempo juntos, los animo a compartir ampliamente sus historias y puntos de vista. Manténganse audazmente arraigados en el amor y, al mismo tiempo, hagan preguntas difíciles. Los aliento a estar abiertos a probar nuevas ideas, a formar nuevas amistades más allá de su delegación y a participar en un diálogo orientado a soluciones durante esta reunión. Luego lleven las ideas y la inspiración de nuestro tiempo juntos a sus diputaciones y a nuestra Convención General y después regresen a casa para realizar la tarea que se nos ha encomendado.
Estoy profundamente agradecida con todos y cada uno de ustedes. Por su compromiso en esta labor y su compromiso con nuestra Iglesia. Por mostrarle a nuestra Iglesia lo que puede lograr un liderazgo arraigado en el amor. Tenemos una obra santa e importante que hacer en los próximos meses. Y juntos en amor, podemos hacer bien esta labor, fielmente y honrando a quienes caminaron juntos antes que nosotros.
Gracias por estar aquí. Gracias por tomar este trabajo en serio. Gracias por decir sí al liderazgo. Gracias.





